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¿Igualitos, o no?

Soy mamá hace dos meses y medio de una hermosa bebé. Mi bebé es muy parecida a su papá y eso cualquiera que lo haya visto lo puede reconocer. A veces discuto que es igualita a mi, pero sólo para chocar, ya que es innegable que se parece a él.

Resulta que un día cualquiera me encuentro con una señora que nos conoce a ambos. Era la primera vez que veía a la bebé y su primera exclamación, un tanto ofensiva para mí, fue: “¡Ay!, pero tú no hiciste nada ahí”.

Yo respiré hondo y me tragué mis palabras, tal vez por rehusarme a contestar a un comentario tan insensato como aquel, o tal vez por no ser grosera con una persona de esa edad.

Me parece inconcebible que comentarios como aquel aún persistan en la mentalidad estrecha de algunas personas y se me hace aún menos comprensible que aquel comentario haya sido expresado por parte de una mujer que ha tenido hijos.

¿Cómo me puede decir que no hice nada, cuando yo cargué a esa criatura dentro de mi cuerpo por nueve meses, la alimenté, la cuidé, la amé y luego la parí, sin compañía y sin quejarme?

¿Que no he hecho nada?… Si desde que supe que venía a este mundo, aún con todos los temores que aquella experiencia y las circunstancias que la rodeaban me podían causar, decidí afrontarlo con valentía y  todo el amor que ella merecía desde que fue concebida.

¿En serio, no hice nada? Porque que yo sepa la concepción de un niño es cuestión de dos y no basta solo con las células de uno de los progenitores para que la vida pueda ser creada y tampoco sé de un hombre que haya sido el que atraviese por los cambios que supone el embarazo.

Sí, sé que alguno me dirá que lo dijo refiriéndose a que la bebé no tiene mucho parecido físico conmigo, pero aún así es estúpido el comentario, ya que no soy yo la que decide las características físicas que tendrán mis hijos/ hijas, sino la genética. En todo caso, que la culpen a ella.

La gente tiene que aprender a pensar antes de hablar y no ir por la vida repitiendo frases patéticas, que no tienen el más mínimo sentido y que pueden herir la susceptibilidad de quien acaba de pasar por un proceso tan delicado como es el embarazo y el parto.

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